Categoría: coaching transpersonal

Las paramitas: virtudes o perfecciones

Muchas veces hablamos de cómo debería ser nuestro comportamiento en el camino de la ampliación de conciencia y de la enorme dificultad para recorrerlo, por ejemplo, la meditación. Lo simple que es y lo árida que nos resulta. La dificultad para encontrar siquiera el hueco para ponernos en el cojín y meditar.

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La herida primordial: nuestro enemigo íntimo

Dentro de nosotros los seres humanos hay un ser puro y limpio. Siempre es así en cada uno de nosotros. Es la esencia o la naturaleza del ser humano. Sin embargo, ese ser inocente, no puede crecer en esta vida sosteniéndose en esa pureza. Porque no sabe sostener el dolor sin convertirlo en sufrimiento.

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¿Qué buscamos cuando buscamos éxito?

Éxito. Que palabra tan común. Que concepto tan presente en nuestras vidas. Hacer algo y que el resultado sea excelente. Que guste. Que cause admiración. Que sea mejor que los resultados de muchos otros. Incluso que sea el mejor de todos los resultados de la historia de la humanidad.
El éxito contiene de manera ineludible una comparación. Buen resultado, en relación a lo que se calificaría como malo. Mejor en relación con lo que sería peor. Incluso, en numerosas ocasiones, el éxito conlleva competición. Ser el mejor, porque el resto son peores. Ganar un premio, una competición.

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El infierno del yo

Los humanos buscamos ser felices y no sufrir. Tenemos un sistema automático diseñado exclusivamente para sobrevivir y tomar las riendas de la gestión de nuestra vida desde un lugar automático.
Para este sistema, la felicidad es un buen ingrediente de la supervivencia en el medio y largo plazo, ya que el sufrimiento supone poner en riesgo la viabilidad de la vida. Por tanto, la ausencia de sufrimiento es ya un ingrediente de la felicidad y es el ingrediente indispensable para la supervivencia.

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El peligro de crecer: el ego espiritual

Cuando impulsados por nuestras vivencias, nuestras incomodidades, por los golpes de la vida o por sus llamadas, iniciamos un camino de autoconocimiento y ampliación de conciencia suelen suceder algunas consecuencias. Las conversaciones habituales en las reuniones sociales suelen perder relevancia, el contacto con el mundo se abre a una mayor perspectiva, y se nos muestra ante nosotros la enorme diversidad en la que los humanos nos engañamos a nosotros mismos.

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El empinado viaje de la conciencia

Hoy hablaba con un futuro alumno de la formación de coaching transpersonal y le preguntaba si tenía contacto con la práctica de la meditación. Él me contestaba que sí que había hecho algunos retiros de silencio y meditación de una semana o 10 días. Entonces con naturalidad yo le pregunté: “Entonces, ¿meditas habitualmente? ¿Sigues la práctica de manera constante?”. Y me respondía. “No. Últimamente llevo tiempo que no me pongo. Estoy un poco desconectado. El día se me va y no acabo de encontrar el hueco”.

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El desafío de los 4 inconmensurables: la humildad de un corazón abierto

A lo largo de varios escritos hemos hablado de esas cualidades del ser que nos abren a una vida más plena de aceptación y de entrega al camino de la conciencia. Que nos conectan con nosotros mismos y con lo que realmente somos. Los llamados cuatro inconmensurables: La bondad amorosa, la compasión, la alegría empática y la ecuanimidad.
Sin embargo, una y otra vez el camino se vuelve empinado para todos.

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Las paramitas: virtudes o perfecciones

Muchas veces hablamos de cómo debería ser nuestro comportamiento en el camino de la ampliación de conciencia y de la enorme dificultad para recorrerlo, por ejemplo, la meditación. Lo simple que es y lo árida que nos resulta. La dificultad para encontrar siquiera el hueco para ponernos en el cojín y meditar.

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La herida primordial: nuestro enemigo íntimo

Dentro de nosotros los seres humanos hay un ser puro y limpio. Siempre es así en cada uno de nosotros. Es la esencia o la naturaleza del ser humano. Sin embargo, ese ser inocente, no puede crecer en esta vida sosteniéndose en esa pureza. Porque no sabe sostener el dolor sin convertirlo en sufrimiento.

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Vivir en armonía en un mundo en conflicto

Vivir en un mundo en conflicto sin endurecer el corazón es una de las prácticas espirituales más exigentes de nuestro tiempo. Abrimos el teléfono y aparece ante nosotros la injusticia, la polarización, el egoísmo, la guerra, el dolor, el miedo. Caminamos por la calle y notamos la prisa, la sospecha, la falta de confianza en el otro, el cansancio acumulado, la pérdida de ilusión y fortaleza. Y, sin embargo, dentro de todo ese ruido, la vida sigue desafiándonos con una íntima condición para la felicidad. Una petición sencilla y difícil al mismo tiempo: que permanezcamos presentes, despiertos, atentos y conscientes. ¿Cómo mantener la calma cuando el entorno se desmorona, cuando la dificultad parece cada vez más insalvable y refugiarnos en

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¿Qué buscamos cuando buscamos éxito?

Éxito. Que palabra tan común. Que concepto tan presente en nuestras vidas. Hacer algo y que el resultado sea excelente. Que guste. Que cause admiración. Que sea mejor que los resultados de muchos otros. Incluso que sea el mejor de todos los resultados de la historia de la humanidad.
El éxito contiene de manera ineludible una comparación. Buen resultado, en relación a lo que se calificaría como malo. Mejor en relación con lo que sería peor. Incluso, en numerosas ocasiones, el éxito conlleva competición. Ser el mejor, porque el resto son peores. Ganar un premio, una competición.

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El infierno del yo

Los humanos buscamos ser felices y no sufrir. Tenemos un sistema automático diseñado exclusivamente para sobrevivir y tomar las riendas de la gestión de nuestra vida desde un lugar automático.
Para este sistema, la felicidad es un buen ingrediente de la supervivencia en el medio y largo plazo, ya que el sufrimiento supone poner en riesgo la viabilidad de la vida. Por tanto, la ausencia de sufrimiento es ya un ingrediente de la felicidad y es el ingrediente indispensable para la supervivencia.

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El peligro de crecer: el ego espiritual

Cuando impulsados por nuestras vivencias, nuestras incomodidades, por los golpes de la vida o por sus llamadas, iniciamos un camino de autoconocimiento y ampliación de conciencia suelen suceder algunas consecuencias. Las conversaciones habituales en las reuniones sociales suelen perder relevancia, el contacto con el mundo se abre a una mayor perspectiva, y se nos muestra ante nosotros la enorme diversidad en la que los humanos nos engañamos a nosotros mismos.

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Sostener el dolor el tiempo suficiente para que se transforme en amor

Todos los humanos sabemos lo que es sentir dolor. Los hemos padecido muchas veces a lo largo de nuestra vida. De niños hemos conocido profundamente el dolor por primera vez, lo recordemos o no. De adolescentes, en ese conflicto con la vida y ese no entender el molde en el que tenemos que meternos. De ser rebeldes en la juventud, el dolor del corazón partido, del rechazo amoroso o la dificultad con los padres y hermanos o el dolor relacional de cómo colocarnos en los grupos. Después vendrán las parejas, los matrimonios, la carrera profesional, los emprendimientos, las hipotecas, los desafíos de la crianza de los hijos… Todo con sus luces y sus sombras. A pesar de ello, no se

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El empinado viaje de la conciencia

Hoy hablaba con un futuro alumno de la formación de coaching transpersonal y le preguntaba si tenía contacto con la práctica de la meditación. Él me contestaba que sí que había hecho algunos retiros de silencio y meditación de una semana o 10 días. Entonces con naturalidad yo le pregunté: “Entonces, ¿meditas habitualmente? ¿Sigues la práctica de manera constante?”. Y me respondía. “No. Últimamente llevo tiempo que no me pongo. Estoy un poco desconectado. El día se me va y no acabo de encontrar el hueco”.

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El desafío de los 4 inconmensurables: la humildad de un corazón abierto

A lo largo de varios escritos hemos hablado de esas cualidades del ser que nos abren a una vida más plena de aceptación y de entrega al camino de la conciencia. Que nos conectan con nosotros mismos y con lo que realmente somos. Los llamados cuatro inconmensurables: La bondad amorosa, la compasión, la alegría empática y la ecuanimidad.
Sin embargo, una y otra vez el camino se vuelve empinado para todos.

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Las paramitas: virtudes o perfecciones

Muchas veces hablamos de cómo debería ser nuestro comportamiento en el camino de la ampliación de conciencia y de la enorme dificultad para recorrerlo, por ejemplo, la meditación. Lo simple que es y lo árida que nos resulta. La dificultad para encontrar siquiera el hueco para ponernos en el cojín y meditar.

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La herida primordial: nuestro enemigo íntimo

Dentro de nosotros los seres humanos hay un ser puro y limpio. Siempre es así en cada uno de nosotros. Es la esencia o la naturaleza del ser humano. Sin embargo, ese ser inocente, no puede crecer en esta vida sosteniéndose en esa pureza. Porque no sabe sostener el dolor sin convertirlo en sufrimiento.

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¿Qué buscamos cuando buscamos éxito?

Éxito. Que palabra tan común. Que concepto tan presente en nuestras vidas. Hacer algo y que el resultado sea excelente. Que guste. Que cause admiración. Que sea mejor que los resultados de muchos otros. Incluso que sea el mejor de todos los resultados de la historia de la humanidad.
El éxito contiene de manera ineludible una comparación. Buen resultado, en relación a lo que se calificaría como malo. Mejor en relación con lo que sería peor. Incluso, en numerosas ocasiones, el éxito conlleva competición. Ser el mejor, porque el resto son peores. Ganar un premio, una competición.

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El infierno del yo

Los humanos buscamos ser felices y no sufrir. Tenemos un sistema automático diseñado exclusivamente para sobrevivir y tomar las riendas de la gestión de nuestra vida desde un lugar automático.
Para este sistema, la felicidad es un buen ingrediente de la supervivencia en el medio y largo plazo, ya que el sufrimiento supone poner en riesgo la viabilidad de la vida. Por tanto, la ausencia de sufrimiento es ya un ingrediente de la felicidad y es el ingrediente indispensable para la supervivencia.

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El peligro de crecer: el ego espiritual

Cuando impulsados por nuestras vivencias, nuestras incomodidades, por los golpes de la vida o por sus llamadas, iniciamos un camino de autoconocimiento y ampliación de conciencia suelen suceder algunas consecuencias. Las conversaciones habituales en las reuniones sociales suelen perder relevancia, el contacto con el mundo se abre a una mayor perspectiva, y se nos muestra ante nosotros la enorme diversidad en la que los humanos nos engañamos a nosotros mismos.

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El empinado viaje de la conciencia

Hoy hablaba con un futuro alumno de la formación de coaching transpersonal y le preguntaba si tenía contacto con la práctica de la meditación. Él me contestaba que sí que había hecho algunos retiros de silencio y meditación de una semana o 10 días. Entonces con naturalidad yo le pregunté: “Entonces, ¿meditas habitualmente? ¿Sigues la práctica de manera constante?”. Y me respondía. “No. Últimamente llevo tiempo que no me pongo. Estoy un poco desconectado. El día se me va y no acabo de encontrar el hueco”.

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El desafío de los 4 inconmensurables: la humildad de un corazón abierto

A lo largo de varios escritos hemos hablado de esas cualidades del ser que nos abren a una vida más plena de aceptación y de entrega al camino de la conciencia. Que nos conectan con nosotros mismos y con lo que realmente somos. Los llamados cuatro inconmensurables: La bondad amorosa, la compasión, la alegría empática y la ecuanimidad.
Sin embargo, una y otra vez el camino se vuelve empinado para todos.

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