Muchas veces hablamos de cómo debería ser nuestro comportamiento en el camino de la ampliación de conciencia y de la enorme dificultad para recorrerlo, por ejemplo, la meditación. Lo simple que es y lo árida que nos resulta. La dificultad para encontrar siquiera el hueco para ponernos en el cojín y meditar.
Hablamos también del desafío que tenemos para sostener la atención, para estar presentes en ese camino y como luchamos en la existencia humana para sobrevivir, y como el miedo y la incertidumbre nos abruman y nos desconectan.
El infierno como el olvido de sí… la desconexión de lo que somos…
Hoy quiero dedicar este texto, y volveré sobre ello en siguientes publicaciones, a hablar de un sendero práctico y concreto que nos dirige en la dirección correcta. El camino del desegocentrismo y el camino de la sabiduría. El camino de las 6 perfecciones trascendentes.
El yo tal y como lo conocemos no es más que una experiencia, una identificación, pero no es fácil soltarla porque tenemos miedo a sufrir y a no sobrevivir al sufrimiento con el que el mundo nos amenaza.
Para ir hacia lo que somos realmente, tenemos que recorrer un camino, hacia dentro de introspección y hacia fuera de expresión de esa introspección. No hay cambio sin expresión en el mundo. Sin el riesgo egoico de la interacción.
En la vasta tradición budista, existen enseñanzas que buscan iluminar la senda hacia la liberación del sufrimiento. Entre ellas, las Seis Paramitas, también llamadas las Seis Perfecciones, ocupan un lugar central en la práctica del Budismo Mahayana ya que representan virtudes o perfecciones que se deben cultivar para purificar el karma y alcanzar la iluminación.
Estas virtudes son consideradas el puente hacia la orilla de la iluminación y, al mismo tiempo, el modo en que un practicante se convierte en un Bodhisattva, un ser que pospone su entrada definitiva en el nirvana para trabajar incansablemente por la liberación de todos los seres.
El budismo Mahayana es una de las ramas principales del budismo, conocida como el “Gran Vehículo”. La palabra yana significa vehículo o balsa, lo que evoca la imagen de la enseñanza budista como una balsa o vehículo que puede ayudar a cruzar el río del sufrimiento hacia la «otra orilla». El Mahayana es, por lo tanto, el “Gran Vehículo”.
Esta rama del budismo nació en la India unos 500 años después de la muerte de Buda, introduciendo nuevas escrituras y un enfoque en la compasión y la sabiduría para alcanzar la budeidad. Apoyada en los antiguos textos de la tradición budista, evoluciona y no se centra solo en la liberación personal, sino que se distingue por su énfasis en la salvación universal, el camino del Bodhisattva y la iluminación de todos los seres.
El camino del Bodhisattva es el camino de los llamados guerreros Bodhisattva. Son aquellos que toman los votos o el compromiso de acometer la búsqueda de la iluminación no sólo como un camino individual en la búsqueda de la superación del propio sufrimiento y la liberación personal, sino que, con un cierto componente de movimiento social, se vuelven hacia el mundo para ayudar desde la compasión en la iluminación de todos los seres.
Un Bodhisattva es denominado así porque se ha abierto a la bodhichitta, lo que podríamos traducir como la mente abierta o despierta, y trabaja desde la constancia para que esa bodhichitta engendrada sea el motor o voluntad que genere sus pensamientos, emociones, comportamientos y acciones.
Este ideal es el contenido de los votos que construyen una manera de estar en el mundo de profundo contenido ético y espiritual. Son principios rectores internos, íntimos y esenciales que guían todos los aspectos de la vida.
Los cuatro inconmensurables que fueron desarrollados en entradas de blog pasadas, son también parte de los principios que este sendero debe cultivar.
Las seis paramitas son parte integral de este camino. De estos votos. La palabra pāramitā proviene del sánscrito y suele traducirse como “perfección”, aunque su sentido es más profundo. Pāram significa “la otra orilla” y el sufijo –itā indica “haber ido hacia”. Así, una paramita es aquello que permite cruzar del mundo del sufrimiento y la ignorancia (saṃsara) hacia la orilla de la liberación (nirvaṇa).
El objetivo es contribuir a reducir y acabar con los estados aflictivos en todos los seres vivos y sustituirlos por estados virtuosos para contribuir a alcanzar la iluminación. En como si paramita fuera el camino y bodhichitta la práctica expresada en el mundo, el modo correcto de recorrer ese camino.
Las seis paramitas son prácticas que no solo transforman al individuo, sino que tienen un alcance universal: la compasión y la sabiduría que se obtienen buscan abarcar a todos los seres sensibles.
En este contexto, las seis paramitas se ordenan de manera progresiva: cada perfección prepara y sostiene a la siguiente, hasta culminar en la sabiduría trascendente. La práctica de las paramitas se concibe no como un ejercicio individualista, sino como la manera en que el practicante se vuelve un faro de compasión universal. Estas paramitas o virtudes trascendentales nos ayudan así a incrementar tanto la sabiduría como la expresión de esta sabiduría en el comportamiento diario.
Las seis paramitas más allá de la tradición budista son una lección de actualidad de cómo regirnos y comportarnos en el mundo, y el ser humano que inicia el camino del despertar de la conciencia no puede no tomarlos como referencia o aspiración.
En cierto modo, son el ejemplo de lo que supone pasar de la teoría a la acción. De leer sobre espiritualidad o apertura de la compasión a actuar en el mundo desde ese lugar.
En detalle son:
- La generosidad (Dana Paramita)
Es la disposición a dar, no solo bienes materiales, sino también afecto, atención, seguridad y sabiduría. Estamos de nuevo ante el acto de abrir el corazón. La enseñanza del camino espiritual del Dharma o camino de la iluminación, se considera aquí la máxima expresión del dar.
- La conducta ética (Sīla Paramita)
Aquí no estamos hablando de principios morales o seguir dogmas, es más sencillo y simple, la esencia es seguir un comportamiento que contribuya a reducir el sufrimiento propio y ajeno. Es un compromiso consciente de vivir en armonía, cultivando la bondad en pensamientos, palabras y acciones.
- La paciencia (Kṣanti Paramita)
La esencia aquí es la ecuanimidad. No desconectarse, no caer en el desinterés, seguir implicados y sin hostilidad ni adversidad. Sin ira ni desesperación. La paciencia sería la cualidad a cultivar para volver a ese lugar ecuánime una y otra vez de manera genuina. Aceptar el presente y sostener sin acción, la resistencia mental y la irritación en beneficio de todos los seres.
- El esfuerzo gozoso o entusiasmo (Vīrya Paramita)
Es la energía persistente y entusiasta en la práctica espiritual. No se trata de un esfuerzo rígido, sino de la fuerza vital que se renueva por la compasión hacia los demás. Es la voluntad alegre no rígida que se alimenta del gozo de contribuir al beneficio de los demás. Podemos traducirlo como las ganas o el interés en hacer algo. Los humanos no gastamos energía si no sentimos motivación. Aquí hablamos del interés que surge en la voluntad que siente que está haciendo algo que tiene sentido para sí, en lo que cree y que supone una propia satisfacción en este caso orientada al beneficio hacia los demás.
- La meditación (Dhyana Paramita)
La práctica de la concentración mental que lleva a una mente clara y estable. A través de dhyana, se cultiva la atención plena y la capacidad de percibir sin distorsión. El sostener la atención, el calmar la mente y dejar de estar sometidos por ella. La purificación de las aguas mentales hasta dejar que emerja la mente lúcida y transparente. A través de la meditación y el silencio, calmamos la reactividad y las aflicciones manifestadas.
- La sabiduría (Prajna Paramita)
Se trata de la culminación de todas las anteriores. La visión directa de la vacuidad (Sunyata). Comprender que los fenómenos carecen de existencia independiente disuelve el apego al yo y abre la compasión ilimitada. Dejamos de sentir la confusión que nos transmiten nuestros sentidos puesto que todo es lo mismo todo el tiempo. Nada es diferenciado.
Las seis paramitas no se practican de manera aislada: la generosidad sin sabiduría puede ser ingenua, y la sabiduría sin compasión puede volverse fría. Las seis perfecciones se practican como un camino armónico.
Generosidad para aliviar las necesidades inmediatas. Ética para crear una base de confianza y seguridad. Paciencia para sostenerse frente a las dificultades del samsara, de este mundo impermanente e inconsistente. El esfuerzo gozoso para mantener la práctica viva. La meditación para estabilizar la mente y la sabiduría para comprender la vacuidad y actuar desde una visión libre del ego.
Así podemos ver a las paramitas como medios y como manifestaciones del camino correcto.
El camino del cultivo de las paramitas está relacionado entre sí. Cada una de ellas ayuda a construir la anterior y cada una de ellas nos va acercando a la verdad que se haya en la integración de la sabiduría. También es un camino que parte de lo más accesible o intuitivo como la generosidad hacia lo cada vez más sutil y difícil de acceso como son la meditación y posteriormente la sabiduría que es mucho más que conocimiento. Es existir en ese y desde ese conocimiento integrado.
Así, la generosidad ayuda a relajar la rigidez y lo dogmático, creando espacio y dando más margen de posibilidad. La conducta ética trae el foco a esa posibilidad y le da una dirección. La paciencia evita que se disperse la energía y la sostiene y ayuda a superar las resistencias que se presentan. El entusiasmo trae la recurrencia y la voluntad de seguir frente a la adversidad. Evita la dispersión y nos da la resiliencia de no rendirnos y volver a levantarnos en el camino si tropezamos o nos desviamos. La meditación permite sostener la atención fija de forma estable y abre el espacio de la auténtica capacidad energética que tenemos como seres. Finalmente, la sabiduría nace de la consistencia y recurrencia en la práctica de la meditación. La voluntad suave. Esto permite que la conciencia en su apertura y su purificación vaya penetrando cada vez de forma más y más profunda eliminando el ruido, la distracción y las vanas ilusiones aparentes de este mundo encarnado abriendo finalmente la llegada a la contemplación y comprensión de la verdadera naturaleza del ser y de todos los fenómenos.
Si se consultan otras fuentes u otras tradiciones contemplativas se puede leer sobre las 10 paramitas en lugar de las 6 paramitas. Esto es debido a que en el budismo Mahayana, los Sūtras de la Prajñāpāramitā y el Sutra del Loto tratan seis, mientras que otras fuentes como el Daśabhūmika Sūtra lista diez. Entre estos 10 se añaden a los 6 ya mencionados: medios hábiles (upāya), aspiración/votos (praṇidhāna), poder/fuerza (bala) y conocimiento/gnosis (jñāna).
Por su parte en la tradición Theravāda. la forma más antigua y conservadora de budismo, centrada en las enseñanzas directas de Buda recogidas en el Canon Pali, la lista característica para el camino del bodhisatta suele ser de 10 (dasa pāramī): dar, virtud, renuncia, sabiduría, energía, paciencia, veracidad, determinación, benevolencia y ecuanimidad. Y la lista de 6 a veces se nombra como una síntesis de los anteriores.
En próximas entradas de este blog, escribiremos sobre cada una de estas perfecciones trascendentes.
Para terminar baste decir que recorrer este camino tiene la sencillez de lo simple y la enorme dificultad de que conlleva, de forma inevitable, aprender a transcender el fantasma de la humanidad por antonomasia. El miedo al dolor. Y con él sus hijos, la búsqueda de la seguridad, la satisfacción, el reconocimiento, el poder, el placer y otros muchos anhelos humanos que no son más que miedo y más miedo.
El camino de los guerreros bodhisattva es por tanto eso, el camino de aprender a sostener el dolor, abrazarlo y superar el miedo que nos atenaza a través de los actos del amor con mayúsculas, a todos los seres vivos del universo y el acercamiento a la verdad de la existencia.
Nosotros, humildes occidentales, sin abrumarnos por el desafío, podemos quizá pensar el precio, más asequible, de dar un primer paso y dejar que la conciencia profunda y sabía que hay en todos nosotros, nos vaya devolviendo la convicción y la fortaleza para aprender a sostener los siguientes.