
Sostener el dolor el tiempo suficiente para que se transforme en amor
Todos los humanos sabemos lo que es sentir dolor. Los hemos padecido muchas veces a lo largo de nuestra vida. De niños hemos conocido profundamente

Todos los humanos sabemos lo que es sentir dolor. Los hemos padecido muchas veces a lo largo de nuestra vida. De niños hemos conocido profundamente

Hoy hablaba con un futuro alumno de la formación de coaching transpersonal y le preguntaba si tenía contacto con la práctica de la meditación. Él me contestaba que sí que había hecho algunos retiros de silencio y meditación de una semana o 10 días. Entonces con naturalidad yo le pregunté: “Entonces, ¿meditas habitualmente? ¿Sigues la práctica de manera constante?”. Y me respondía. “No. Últimamente llevo tiempo que no me pongo. Estoy un poco desconectado. El día se me va y no acabo de encontrar el hueco”.

A lo largo de varios escritos hemos hablado de esas cualidades del ser que nos abren a una vida más plena de aceptación y de entrega al camino de la conciencia. Que nos conectan con nosotros mismos y con lo que realmente somos. Los llamados cuatro inconmensurables: La bondad amorosa, la compasión, la alegría empática y la ecuanimidad.
Sin embargo, una y otra vez el camino se vuelve empinado para todos.

Vivimos en un mundo hiper estimulado, donde la atención está constantemente dirigida hacia lo externo: logros, apariencias, validación social, productividad. Sin embargo, en el viaje profundo de la transformación personal, hay una verdad fundamental que resuena con una potencia silenciosa pero imparable: la salida es hacia adentro.
Esta frase, aparentemente paradójica, encierra una de las claves más profundas del proceso de coaching transpersonal.

Todos los humanos sabemos lo que es sentir dolor. Los hemos padecido muchas veces a lo largo de nuestra vida. De niños hemos conocido profundamente el dolor por primera vez, lo recordemos o no. De adolescentes, en ese conflicto con la vida y ese no entender el molde en el que tenemos que meternos. De ser rebeldes en la juventud, el dolor del corazón partido, del rechazo amoroso o la dificultad con los padres y hermanos o el dolor relacional de cómo colocarnos en los grupos. Después vendrán las parejas, los matrimonios, la carrera profesional, los emprendimientos, las hipotecas, los desafíos de la crianza de los hijos… Todo con sus luces y sus sombras. A pesar de ello, no se

Hoy hablaba con un futuro alumno de la formación de coaching transpersonal y le preguntaba si tenía contacto con la práctica de la meditación. Él me contestaba que sí que había hecho algunos retiros de silencio y meditación de una semana o 10 días. Entonces con naturalidad yo le pregunté: “Entonces, ¿meditas habitualmente? ¿Sigues la práctica de manera constante?”. Y me respondía. “No. Últimamente llevo tiempo que no me pongo. Estoy un poco desconectado. El día se me va y no acabo de encontrar el hueco”.

A lo largo de varios escritos hemos hablado de esas cualidades del ser que nos abren a una vida más plena de aceptación y de entrega al camino de la conciencia. Que nos conectan con nosotros mismos y con lo que realmente somos. Los llamados cuatro inconmensurables: La bondad amorosa, la compasión, la alegría empática y la ecuanimidad.
Sin embargo, una y otra vez el camino se vuelve empinado para todos.

Vivimos en un mundo hiper estimulado, donde la atención está constantemente dirigida hacia lo externo: logros, apariencias, validación social, productividad. Sin embargo, en el viaje profundo de la transformación personal, hay una verdad fundamental que resuena con una potencia silenciosa pero imparable: la salida es hacia adentro.
Esta frase, aparentemente paradójica, encierra una de las claves más profundas del proceso de coaching transpersonal.

Todos los humanos sabemos lo que es sentir dolor. Los hemos padecido muchas veces a lo largo de nuestra vida. De niños hemos conocido profundamente

Hoy hablaba con un futuro alumno de la formación de coaching transpersonal y le preguntaba si tenía contacto con la práctica de la meditación. Él me contestaba que sí que había hecho algunos retiros de silencio y meditación de una semana o 10 días. Entonces con naturalidad yo le pregunté: “Entonces, ¿meditas habitualmente? ¿Sigues la práctica de manera constante?”. Y me respondía. “No. Últimamente llevo tiempo que no me pongo. Estoy un poco desconectado. El día se me va y no acabo de encontrar el hueco”.

A lo largo de varios escritos hemos hablado de esas cualidades del ser que nos abren a una vida más plena de aceptación y de entrega al camino de la conciencia. Que nos conectan con nosotros mismos y con lo que realmente somos. Los llamados cuatro inconmensurables: La bondad amorosa, la compasión, la alegría empática y la ecuanimidad.
Sin embargo, una y otra vez el camino se vuelve empinado para todos.

Vivimos en un mundo hiper estimulado, donde la atención está constantemente dirigida hacia lo externo: logros, apariencias, validación social, productividad. Sin embargo, en el viaje profundo de la transformación personal, hay una verdad fundamental que resuena con una potencia silenciosa pero imparable: la salida es hacia adentro.
Esta frase, aparentemente paradójica, encierra una de las claves más profundas del proceso de coaching transpersonal.
Recibe en tu correo nuevos artículos y novedades de El desafío de la conciencia