La certeza que habita en ti: el coaching transpersonal en tiempos de incertidumbre

Vivimos tiempos en los que el suelo bajo nuestros pies parece moverse de manera constante. La incertidumbre ya no es un episodio puntual, una crisis que hay que atravesar para volver al orden conocido. Se ha instalado como clima permanente. Económica, política, climática, tecnológica, relacional. La sensación de no saber qué va a pasar mañana, de no poder fiarte de los marcos que ayer te daban estabilidad, se ha convertido en una de las experiencias más compartidas y menos nombradas de nuestro tiempo.

Y sin embargo, el ser humano tiene una necesidad profunda de certeza. No me refiero a la certeza de controlar el mundo (eso siempre fue una ilusión) sino a la certeza de saber quién es uno mientras lo atraviesa. La certeza de reconocerse. De tener un centro desde el que mirar la tormenta sin disolverse en ella.

Aquí es donde entra el coaching transpersonal. Y lo hace no como receta, y tampoco como técnica para “gestionar la incertidumbre” buscando el rendimiento, la eficacia, la seguridad.  Sino como acompañamiento hacia algo mucho más esencial: el camino de regreso a uno mismo.

¿Y qué significa volver a uno mismo cuando todo lo externo tiembla?

Significa, en primer lugar, dejar de buscar la certeza donde no puede estar. La certeza no vive en el mercado, ni en la política, ni en las previsiones económicas, ni en la opinión de los demás. El ego lleva toda la vida buscándola ahí fuera, en el reconocimiento, en la seguridad material, en la aprobación, en tener razón. Y en tiempos de grandes convulsiones, esa búsqueda se vuelve especialmente agotadora porque las fuentes a las que solía acudir se han secado o se muestran inestables. El suelo externo no ofrece apoyo. Y como consecuencia el ego entra en pánico.

Pero hay un suelo distinto. Uno que no depende de que el mundo se ordene. Un centro interior que, cultivado con honestidad y presencia, no se mueve, aunque todo lo demás lo haga. No hablo de la indiferencia ni del desapego frío. Hablo de una forma de arraigo que permite mirar lo que ocurre sin quedar arrastrado por ello. Es la diferencia entre ser el océano y ser la ola.

El problema es que la mayoría de nosotros no sabemos que ese centro existe porque nunca nos hemos acercado a él. Hemos estado tan ocupados respondiendo a las urgencias del mundo, tan entrenados en mirar hacia afuera, que ese territorio interior permanece inexplorado. Lleno de riqueza, sí, pero también lleno de heridas sin mirar, de creencias sin cuestionar, de miedos que llevan años dirigiendo decisiones sin que nos hayamos dado cuenta.

La incertidumbre externa, cuando no se sabe qué hacer con ella, activa todo eso. Amplifica las voces internas más antiguas y más asustadas. “No soy suficiente.” “No voy a poder.” “No merece la pena.” “El mundo es peligroso.” “Estoy solo.” Son voces que no nacieron hoy. Nacieron en momentos tempranos en los que necesitábamos estar a salvo y construimos estrategias de supervivencia que entonces fueron inteligentes y que hoy, décadas después, siguen gobernando nuestra vida desde las sombras.

El trabajo del coach transpersonal empieza exactamente ahí. En ese umbral donde la incertidumbre del mundo toca la incertidumbre interior. No para resolverla de golpe, sino para acompañar al otro a mirarla de frente. A sostenerla. A atravesarla con más conciencia de la que traía.

Porque la certeza que buscamos no se encuentra construyendo mejores escudos ni acumulando más control. Se encuentra en el proceso inverso: en el coraje de bajar las defensas y preguntar de verdad quién hay detrás de todas esas capas de identidad construida. Detrás del rol, del personaje, de la historia que hemos contado sobre nosotros mismos durante años. ¿Quién hay ahí?

Esa pregunta es, en esencia, la pregunta espiritual más antigua. Y también la más personal. Nadie puede responderla por ti. Ningún libro, ningún maestro, ninguna técnica la responde en tu lugar. Pero sí se puede acompañar el proceso de que emerja desde dentro.

En sus Cuentos jasídicos, Martin Buber recoge la historia del rabino Zusya de Hanipol. Poco antes de su muerte, sus discípulos lo encontraron llorando desconsoladamente e intentaron consolarlo. Le dijeron: “Reb Zusya, ¿por qué lloras? Eres casi tan sabio como Moisés, casi tan hospitalario como Abraham. Seguramente el cielo te juzgará con bondad.” Y Zusya respondió: “Cuando llegue ante Dios, no me preocupa que me pregunte por qué no fui como Moisés o como Abraham. Sé que podría responder eso. Lo que me preocupa es que me pregunte: Zusya, ¿por qué no fuiste Zusya?

Esta pregunta es, quizá, la más desafiante que un ser humano puede hacerse. Y es exactamente la que la incertidumbre, con toda su dureza, pone sobre la mesa. Cuando los marcos externos se desmoronan, cuando los proyectos se interrumpen, cuando la vida no sigue el guion que habías escrito, queda desnuda una pregunta que estaba esperando: ¿y tú, más allá de todo eso, quién eres?

No quién fuiste. No quién deberías ser. No quién esperan los demás. Quién eres tú, en tu esencia más propia, cuando se retira todo el ruido.

El coaching transpersonal entiende este momento no como una amenaza sino como una oportunidad. Una de las más profundas que la vida ofrece. Porque la incertidumbre, aunque duele, rompe corazas. Agrieta las identidades demasiado rígidas. Interrumpe los automatismos. Y en esa grieta puede entrar la luz de una conciencia nueva.

El coach transpersonal no trabaja para devolverte a donde estabas antes. Trabaja para acompañarte a descubrir quién puedes ser cuando dejas de fingir que eras quien creías que eras. Ese es un viaje que requiere valentía. Requiere disposición a mirar lo que duele, a sostener el silencio, a escuchar la voz que ha estado esperando ser escuchada bajo todas las capas de defensa y adaptación.

Las herramientas de este camino son variadas: el trabajo con las heridas del niño o la niña interior, la exploración de las estructuras de defensa del carácter, la conexión con el cuerpo y con la respiración como territorio de sabiduría, la meditación, el cultivo del testigo interior, la práctica de la compasión hacia uno mismo y hacia los demás. Pero más allá de las técnicas, lo que sostiene el proceso es la calidad del acompañamiento. Un espacio donde es seguro no saber. Donde la vulnerabilidad no es debilidad sino puerta de entrada. Donde el otro no te da respuestas sino que te ayuda a hacerte mejores preguntas.

Porque lo que ofrece el coaching transpersonal en tiempos de incertidumbre no es certeza sobre el mundo. Es algo más valioso: la certeza de ti. La experiencia de que hay algo en ti que no depende de las circunstancias externas para existir. Una presencia, una esencia, una conciencia que te pertenece y que ninguna crisis puede arrebatarte si aprendes a reconocerla y a habitarla.

Esa esencia no es un logro. No se consigue siendo mejor ni más productivo ni más espiritual que nadie. Es simplemente lo que eres cuando te aproximas a ti con honestidad y sin miedo. Tu Zusya particular. Lo que viniste a ser en este viaje encarnado que llamamos vida.

Y quizá esa sea la promesa más silenciosa y más real del trabajo transpersonal: no que el mundo vaya a dejar de moverse, sino que tú aprendas a moverte con él sin perder el hilo que te conecta contigo mismo. Que la incertidumbre deje de ser un abismo y se convierta en camino. Que el camino, como ya intuía el jasidismo, sea en sí mismo la respuesta.

Parecernos cada vez más a lo que ya somos. Ese es el viaje. Y siempre empieza aquí, ahora, con la decisión de mirarse.

Imagen de Susana Pérez Herrero

Susana Pérez Herrero

Alumna del curso de Coaching Transpersonal. Coach y psicóloga especializada en coaching ejecutivo, sistémico y de equipos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete a la newsletter

Recibe en tu correo nuevos artículos y novedades.

Desarrollo transpersonal

Ciclo de conferencias 2026.
Un encuentro al mes, gratuito

Taller transpersonal

 Introducción al programa
de Coaching transpersonal
– 1 de julio a las 19:00 –

(inscripción gratuita)

Newsletter EDC

Recibe en tu correo nuevos artículos y novedades de El desafío de la conciencia