A veces vivimos como si el cuerpo fuera solo una carcasa, como si lo importante sucediera más arriba: en la mente, en las ideas.
Pero el cuerpo no es un simple vehículo.
Es origen, es raíz, es la puerta de todo lo que somos.
El otro día vi un vídeo que me hizo reflexionar.
En él, un chico que había tenido una lesión en el hombro intentaba levantar el brazo mientras le pedían que recordara el día del accidente: el frío, los detalles de aquel momento. Y en ese instante, el brazo perdía su fuerza, como si el cuerpo reviviera la memoria de aquel dolor. Pero cuando le pedían que recordara un día feliz, uno en el que se sentía bien, el brazo se elevaba sin dificultad.
Me llamó profundamente la atención.
La memoria del cuerpo va más allá de nuestros recuerdos conscientes. El cuerpo recuerda, siente, y nos muestra que nuestra historia no solo vive en la mente, sino en cada fibra de nuestro ser.
El escritor Bessel van der Kolk, en su libro “El cuerpo lleva la cuenta”, lo explica con claridad: “el cuerpo guarda las huellas de lo vivido y solo cuando aprendemos a escucharlo, podemos sanar y vivir con verdadera presencia”.
Cada emoción no expresada, cada palabra que callamos, cada susto que no soltamos del todo se queda grabado en algún lugar del cuerpo.
Lo que la mente olvida, el cuerpo lo conserva.
Lo que no decimos, el cuerpo lo traduce en tensiones, dolores o silencios.
Y a veces basta un olor, una melodía o una mirada para que esa memoria se despierte, para que algo en nosotros reviva sin que sepamos exactamente por qué.
El cuerpo no miente. Es la memoria más fiel que tenemos. Cuando sentimos ansiedad, agotamiento o dolor sin motivo aparente, muchas veces no se trata de algo nuevo, sino de una historia antigua que busca espacio para liberarse. El cuerpo habla en un lenguaje que no siempre entendemos, pero que siempre tiene sentido si aprendemos a escucharlo.
Integrar el cuerpo en el proceso de transformación no es una moda ni un complemento. Es reconocer que no se puede cambiar de verdad sin atender las huellas que habitan en nosotros. Porque el cuerpo no solo guarda el dolor: también guarda la fuerza, la ternura y la alegría que hemos dejado dormidas.
Cuando lo escuchamos, empezamos a liberar lo que estaba atrapado y a recuperar partes de nosotros que creíamos perdidas.
Quizá no lo notes, pero tu cuerpo te recuerda cada día quién eres. En la forma en que respiras cuando te esfuerzas demasiado, en cómo se encoge el pecho cuando no te sientes suficiente, o en ese temblor sutil que te recorre cuando algo te emociona. El cuerpo es la historia de tu vida escrita en un idioma silencioso.
Y cuando te atreves a leerlo, el cambio ocurre de verdad. No desde la mente, sino desde lo más profundo.
En El Desafío en la Conciencia, nuestro Programa de Movimiento Corporal y Coaching Somático es una gran puerta de entrada a esta experiencia: un espacio para aprender a escuchar la memoria del cuerpo, a liberar lo que ha quedado guardado y a transformar desde dentro lo que ya pide ser vivido de otra manera.
Silvia López-Jorrín
Coach PCC especializada en coaching corporal, autoestima y confianza corporal, integrando herramientas que facilitan procesos de transformación a través del cuerpo.